Nueva cultura ante el cambio climático
Guillermo Quirós Alvarez
Marzo
2010.
La
factura petrolera que drena los dólares de nuestro país, el costo de la super y del diesel para las empresas, han
logrado que finalmente los medios de información influyentes y con ello, el
hombre común, vuelva su mirada hacia la crisis energética como un fenómeno
producto de la globalización. Y acepte que más allá de telenovelas, fútbol de
tercera categoría y bailando por un sueño; hay una realidad que está a la
vuelta de la esquina y que podría amenazar sus bolsillos en el corto plazo de forma
sostenible.
No se explica al gran público que hay fenómenos de la naturaleza no naturales –inducidos por la especie
humana- que han sobrepasado los límites impuestos por Gran Arquitecto a nuestro
Globo, que desde mediados de los años setenta inician la degeneración
planetaria y que en el siglo XXI han hecho pensar a científicos y centros de
investigación en una extensión finita de la especie humana, una vida genética que
no va más allá de dos o tres centenas de años. Por ello en la década de los
ochentas se pasó de la aventura espacial al monitoreo terrestre; y los
satélites desde entonces miran hacia abajo, auscultando nuestro planeta y
tomando el pulso de un ser que se queja por nuestra conducta irresponsable. Tal
es el significado de fondo del premio nobel de la paz a un grupo de personas
que nos alertan sobre la seriedad del cambio planetario.
La emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera por
el transporte vehicular, la industria, el comercio desenfrenado, la emisión de
óxidos nitrosos por las fábricas de abono, de moléculas complejas por
industrias de plásticos, aerosoles, aluminio, cemento, estereofón, entre otras;
todos materiales de uso común en cuya fabricación generan en la atmósfera
globalizada moléculas nocivas que por miles de años alterarán el balance
natural térmico. Por otro lado la voracidad de la especie humana, acaba con los
bosques y áreas verdes, transformándolas en áreas blanquecinas, mediante la
quema de millones de hectáreas cada año, contribuyendo a la acumulación de dióxido
de carbono, o mediante la construcción de ciudades y urbanizaciones en cuyo
territorios la radiación solar otrora absorbida y trasformada en génesis de
vida equilibrada, ahora se refleja y agrega al calor disponible. Todo lo cual incrementa
el efecto invernadero, destruye la capa de ozono que nos defiende de la
radiación ultravioleta y acumula anormalmente más energía térmica en el planeta,
el cual rompió su equilibrio.
Este exceso de energía tiene esencia de radiación térmica de onda
larga, la cual no puede atravesar naturalmente el tejido molecular atmosférico
y salir al espacio exterior. Por ello se queda atrapada en la baja atmósfera
donde afecta la biosfera que comparte.
El destino de buena parte de esta energía sobrante y de la mayoría
de las partículas contaminantes es quedar atrapadas en la superficie del
océano, como resultado de cubrir este un 72% de la cara del Ecosistema. Aquí
son absorbidas y remitidas al fondo del mar por el sistema de corrientes
marinas. Gracias a ello, después de 35 años de haber roto el equilibrio
planetario, recién se empiezan a sentir las consecuencias de una conducta
irresponsable.
Pero el ciclo natural de los océanos sigue su marcha y entre los
años 2020 y el 2030 las profundas corrientes marinas que han tragado estos
materiales y el exceso de calor, emergerán a la superficie y unirán los excesos
de los ochentas a los de esa época, iniciando un proceso de rápido cambio climático
de graves consecuencias para los seres vivos del planeta. Por ello disponemos
solo de una década para cambiar nuestra conducta energética y de consumo, pues
de lo contrario nuestros hijos heredaran un mundo poco agradable.
El aumento en la producción de bienes de consumo popular, la
aceleración de las economías asiáticas y el incremento geométrico de la
población son factores extraordinarios que se unen a la energía liberada en
numerosos procesos para dar confort a la especie humana produciendo el llamado calentamiento global. Este tiene dos grandes
consecuencias sobre nuestra región. Por un lado el exceso de calor en la
superficie del océano elevará el calor latente disponible, lo cual asociado a
las cálidas masas de aire tropicales, intensifica la cantidad y categoría de
las tormentas: por ello cada invierno será más severo en términos de la gran
cantidad de lluvia en periodos cortos, lo cual unido a la carencia de
planificación urbana y al uso improvisado del suelo, traerá hondas consecuencias
sobre los habitantes y sus bienes inmobiliarios.
Se acentuarán los daños a la agricultura por inundación de las
fincas agrarias, pues no podrán drenar en un tiempo razonable tanta agua.
Igualmente la ganadería se ve afectada por la humedad excesiva en suelos hiperhúmedos.
Así cada año las inundaciones sobre las ciudades costeras como Parrita, el bajo
Tempisque, Sixaola, Palmar Sur y otras, serán cosa habitual, por lo que su
abandono será gradual.
Por otro, el calentamiento elevará más la temperatura en la
superficie de la Tierra, acelerando el deshielo polar y la variación de las características
ambientales de los ecosistemas marinos y continentales –humedad, temperatura,
salinidad, radiación solar- se saldrá de las normas establecidas en millones de
años. Ello en términos prácticos tiene varias consecuencias:
·
Los estuarios son las aéreas más
productivas de la costa y de donde sale el 70% de los productos marinos que se
consume en Costa Rica. Ellos disminuirán su producción de mariscos y peces,
pues además de variar su temperatura, crecerá la escorrentía y la descarga
aperiódica de sus afluentes. Descargas que además llevarán consigo mayor cantidad
de agroquímicos en virtud del ímpetu en su génesis
·
Como consecuencia del deshielo polar
y continental, así como del aumento de temperatura oceánica, el agua marina
aumentará de volumen, inundando ciudades costeras, reduciendo el ancho de
playas e impulsando el agua salobre tierra adentro en manglares y
desembocaduras de ríos. Este fenómeno ya es evidente en Parrita y Santa Cruz –pacífico
central y norte de Costa Rica- y en el Golfo de Fonseca – tanto en el litoral
de Honduras (Cedeño) como en El Salvador (El Tamarindo).
·
La mayor frecuencia e
intensidad de las tormentas, incrementará las marejadas sobre el litoral
Pacífico, por lo cual el oleaje golpeará con más frecuencia las comunidades de
la costa, sus puertos y las facilidades de atraque.
·
La intensificación de El Niño y
La Niña constituyen una de las primeras manifestaciones del Calentamiento Global.
Son mecanismos por los cuales el exceso de energía en zonas tropicales se
redistribuye en el planeta. Verano más secos y largos, precipitaciones
excesivas en el Caribe, son consecuencias de El Niño sobre América Central. Severas
precipitaciones en el litoral del Pacifico y relativas sequias en el Caribe, caracterizan
la Niña. Estos fenómenos hasta 1990 tenían una frecuencia de 6-9 años, y en el nuevo
siglo los percibiremos cada 2-3 años. Pero lo más nocivo es el estrés a que se
someten los seres vivos en los ecosistemas al ser cada día más frecuentes estas
situaciones anómalas.
Por todo lo
anterior, enfrentar el Cambio Climático requiere de una nueva cultura, la cual
se debe ir fraguando al calor de procesos educativos e informativos que con
responsabilidad social induzcan un cambio gradual en la presente generación.
Los gobiernos de nuestros países tienen la obligación de atender con la mayor
seriedad este panorama mundial y hacer lo propio en sus pueblos.
Nueva cultura energética
Tenernos la
obligación de reducir a un mínimo la dependencia de combustibles hidrocarburados:
contaminan el planeta y compiten con usos de mayor beneficio para la humanidad
del mismo petróleo: medicamentos, fibras, ceras, tuberías, techos, canoas,
envases especiales, entre otros. Para beneficio de todos, su alto precio hoy vuelve
rentable el uso de nuevas alternativas en las cuales la región es competitiva.
La generación hidroeléctrica
es rentable y no contaminante, bien cuando se genera en caudales de ríos o en
caudales marinos, tal como el Golfo de Nicoya o el Golfo de Fonseca. Con esta
fuente resolvemos el 70% del problema vial, electrificando
las carreteras, propiciando el uso colectivo de trenes con alta eficiencia
en todas direcciones y ciudades del país.
Y hablamos de
una nueva cultura, pues así como
dependemos de la red pública para cocinar, igual debemos adaptarnos al transporte
eléctrico colectivo y olvidarnos del transporte individual, restringiéndolo a los
autos eléctricos o a la bicicleta para corta distancia. Ello exige transformar
las vías públicas y planificar seriamente y con claridad de metas, dando un
plazo de unos 10 años a las empresas y consumidores, por exigencia ética, para transformar
gradualmente sus hábitos de vida y horarios de trabajo en aras del mejor
propósito: la continuidad de la especie humana.
Tenemos otras
fuentes promisorias que deben ser parte de la solución energética. La energía geotérmica
de bajo impacto ambiental, es una alternativa que ya produce el 15% de la
generación eléctrica. La energía eólica 100% limpia, la extraemos solo en cordilleras,
pero podría extenderse su extracción a otros pasos de montaña y sobre áreas marinas.
La energía solar
ha demostrado en 30 años de experiencia nacional ser competitiva en el
calentamiento de agua en procesos industriales y domésticos, donde los 50-70
grados centígrados son ideales. Ello reduce notoriamente la factura mensual.
Por su lado la cocción solar en las soleadas llanuras del Pacifico o en las
altas montañas de la Cordillera Central, son viables en la vida cotidiana.
Los
biodigestores constituyen una excelente y fácil alternativa en fincas y
comunidades donde se produzca estiércol de toda índole.
Las comunidades
costeras tienen a su alcance el vaivén infinito de las olas y el diferencial
térmico de los cañones submarinos allende sus costas, para establecer plantas
de pequeña potencia, suficientes para llenar las necesidades de baja densidad en
aquellas comunidades.
Y dejaremos a 50
años plazo la posibilidad de extraer con nuevas tecnologías los hidratos de
metano y el gas natural de nuestros vastos océanos, con un potencial energético
para más de 300 años.
Consumo responsable
Una parte
importante de la solución y contribución a la salud global, es disminuir la
producción de contaminantes de larga vida e impacto pues el precio ambiental es
tan alto para nuestro planeta que amenaza la vida de generaciones futuras. Es
nuestro deber cambiar los hábitos de consumo, pues como el último eslabón de
esta cadena, somos el elemento más importante del proceso productivo. Por ello
con poner en vigencia viejos hábitos como utilizar bolsas de tela, cajas de cartón,
botellas de vidrio, platos y cucharas de losa o metal, abonos, alimentos e insecticidas
orgánicos; estamos prolongando la vida del planeta –nuestro hogar- y la
expectativa de una existencia digna para quienes hereden nuestro único mundo. Cuando
vayamos a la pulpe o al súper, demos nuestro favor a empresas
que ofrezcan papel, o vidrio, o cartón, o cuero, o madera en vez de materiales
no biodegradables tales como el estereofón, el plástico o el tetrabrik.
Planificación responsable
El gobierno en
general y los municipios en particular, deben ejecutar medidas que se fundamenten
en políticas claras que aseguren una buena calidad de vida para los
costarricenses de todas las clases sociales.
Sector urbano. Las
construcciones y las urbanizaciones en general, deben reducir a un mínimo la
reflexión solar y a un máximo la cobertura verde boscosa en sus alrededores,
incluyendo la disminución de la escorrentía en caños y canoas. Ello atenúa el
calor irradiado y la erosión de suelos, las inundaciones urbanas, la pérdida de
agua potable en mantos acuíferos, la inundación costera y el arrastre masivo de
contaminantes en quebradas y ríos.
Sector costero.
Se debe garantizar a las generaciones futuras el derecho al disfrute de
nuestras costas. Por ello debe agregarse a la Zona Marítimo Terrestre una
región de tolerancia que depende de la vulnerabilidad local del ecosistema
marino costero al Cambio Climático. Por ejemplo impedir la construcción de concreto
a menos de 500m de las pleamares, de manglares y de humedales, e igualmente las
construcciones permanentes en playas con pendiente baja y terrenos aledaños con
humedales.
En general, la solución es viable; pero requiere
de un genuino liderazgo del Estado y sus instituciones, de credibilidad pública
y de campañas de educación congruentes con acciones responsables de los
gobernantes y los gobernados
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